El sueño tiene mil nombres. Existe aquel en el cual el cuerpo cae por su propio peso, aguado, como si se derritiera aún estando parado. Existe el sueño de la vigilia en el que, o bien siempre estás esperando a que suene tu alarma, o más seguido, rezando por no pasarte de estación de metro. Existe el sueño que no repara, porque siempre es insuficiente y el reloj de la productividad tiene demandas. Existe el sueño de un bebé. Existe un sueño que solo logra poca gente: aquella maestría de dormir paradxs. Existe un sueño inacabado de quien se tiene que mover de banca porque la arquitectura, o la gente o la policia te está moviendo. Existe un sueño de a poquitos. Existe el sueño después de estar todo el día en el mar, o en un bar, tambaleante. Existe ese sueño tan específico de estar en una ciudad ajena y sentir que te caes de la cama porque no es tu cama y no es tu cuarto y no es tu ciudad, ni país y parecería que tampoco tu cuerpo.